DE LA SATISFACCIÓN A LA FELICIDAD

Cuando hablamos de la satisfacción y de la felicidad, nos estamos refiriendo a dos sensaciones con características similares pero que se derivan de dos emociones diferentes o de diferente origen y confundir la diferencia entre ambas nos puede llevar a pasar de una sensación de plenitud espiritual a otra de vació y falta de sentido de nuestra vida en general. La vida es un proceso aleatorio y misterioso repleto de fases muchas de ellas, las más, inesperadas y no controladas por nosotros. Cuando encontramos el equilibrio interno entre lo que depende de nosotros y lo que se corresponde con las circunstancias que nos abordan es cuando podemos mantener ese sentido de independencia de las circunstancias particulares en las que nos encontramos, pero cuando no percibimos ese equilibrio nos acercamos a trastornos que nos invaden y desorientan. Es el gap que se crea entre lo que controlamos y perseguimos y lo que no controlamos y escapa a nuestros deseos y necesidades. Las personas que viven una vida satisfactoria en relación a lo que controlan y esperan pueden mostrarse contentas pero no necesariamente felices ya que los momentos negativos de la vida, que siempre llegan, son los que se encargan de generarnos la angustia, el desánimo, la depresión y, en según qué ocasiones, la desesperación. Son esos momentos en los que el mundo se nos viene abajo en lo personal, en lo económico o en nuestra actividad profesional.

La vida es, en gran medida, una competición contra nosotros mismos por lograr nuestros anhelos superando esos inconvenientes y disfrutando de los aspectos positivos relacionados con el cumplimiento de lo que esperamos que suceda y la felicidad surge de la aceptación de las tensiones contrarias de la realidad. Es una perspectiva o una actitud que implica admitir lo malo de la vida sin tomarlo como algo personal, y apreciar lo bueno de ella sin darlo por sentado. Entre lo que depende de nosotros en relación con la satisfacción ante determinadas situaciones más o menos buscadas y lo que la vida nos trae sin avisar como elementos de la anhelada felicidad, quizás sea una buena terapia mantener una adecuada separación entre nuestras expectativas y nuestra realidad, no deseando mucho más de lo que tenemos pero sin conformarnos con lo que vamos consiguiendo. Nuestra realidad es la que nos va a llevar a establecer expectativas más o menos racionales y, en función de éstas, y de su racionalidad, podemos delimitar el terreno de la insatisfacción centrándonos en la obtención de expectativas racionales o dentro del alcance normal de las mismas:

donde, cuando S tiende a 1 se genera mayor satisfacción y cuando S tiende a 0 se genera insatisfacción y se abre la puerta a la queja fundamentada sobre el hecho determinante de la insatisfacción, siempre que las expectativas no cumplidas en este último caso fueran racionales.

La felicidad, en cambio,  posee un mayor rango o perímetro de determinación que la satisfacción y está sometida a múltiples interacciones que se dan en la vida de una persona. Podríamos decir que la felicidad se alcanza por la suma de infinitos momentos de satisfacción, pero la imposibilidad de medir el número infinito nos lleva necesariamente a determinar la interacción entre la felicidad y los diferentes aspectos básicos de la vida que están interrelacionados y hacen que la felicidad tenga múltiples dimensiones en función de los diferentes aspectos que se dan en la vida de las personas. En principio, una persona alcanza la felicidad cuando sacia correctamente todas sus necesidades felicitarias  y las dimensiones a las que éstas se refieren. A modo de ejemplo, consideramos las siguientes seis dimensiones de la felicidad:

 

D1: Las creencias y los valores personales: ámbito espiritual de cada uno y los principios que determinan su actitud frente a la vida.

D2: El capital social: referido a las preferencias políticas y de gobierno en una sociedad cambiante

D3: Las relaciones personales: en el contexto familiar de de los amigos y conocidos

El estado físico e intelectual: relacionado con la salud a todos los niveles

D4: La situación económica: relacionada con la posibilidad de hacer frente a las necesidades a través del dinero.

D5: Actividad profesional: en concordancia con los aspectos relacionados con la vida laboral y profesional.

D6: Sentido de pertenencia: la nacionalidad y las relaciones culturales de la diversidad

 

Cada una de estas dimensiones está delimitada por dos aspectos muy concretos: primero el nivel de importancia que cada persona da a una determinada dimensión con respecto al total de dimensiones, con lo que es fácil determinar que el sumatorio de todas estas dimensiones nos da el total de expectativas que una persona tiene para su vida. En segundo  lugar, el peso específico o ponderación que representa el nivel de expectativas que tiene cada persona de las diferentes dimensiones, considerando independientes unas de las otras.

Con estas premisas, es fácil determinar que cuanto mayor sea la importancia que cada individuo da a cada dimensión, ésta tendrá mayores probabilidades de hacer al sujeto más o menos feliz:

 

donde D es la dimensión referida e I la intensidad de la misma en la preferencia de cada individuo y el valor del corchete la satisfacción que recibe sobre cada una de las dimensiones. En el supuesto de idéntica ponderación de las dimensiones de la felicidad y de la misma tasa de cumplimiento de expectativas de cada una de ellas, la felicidad estaría integrada por la misma proporción de cada una de ellas.

Obviamente es un supuesto restrictivo. La realidad es que las superficies coloreadas de cada una de las dimensiones de la felicidad cambian en función de cada persona y, por tanto, los nivele de felicidad lo hacen proporcionalmente al área que cada una de ellas ocupa en el círculo de las dimensiones.

Como análisis práctico y refiriéndonos tan solo a la dimensión D5 relacionada con la actividad profesional, podemos determinar seis elementos clave que facilitan enormemente nuestra felicidad y satisfacción de vida profesional, así como a nuestro éxito:

 

• Tener plenitud de energía y vitalidad

• Tener un pensamiento positivo 

• Granjearse la admiración de los compañeros de trabajo por los logros conseguidos y por la actitud frente a la adversidad

• Mantener y favorecer relaciones personales positivas e integradoras.

• Mantener y desarrollar nuestro potencial creativo y la innovación

• Activar recursos potenciadores de los objetivos que nos proponemos

La satisfacción y la felicidad pueden aparecer juntas y convivir en nuestro día a día tanto a nivel personal como en nuestro desempeño profesional. No obstante ni la felicidad causa la satisfacción ni esta última garantiza la felicidad. La realidad es muy tozuda y usualmente se nos presentan separadas como las piezas de un puzzle que debemos ensamblar adecuadamente. Así, la satisfacción sin felicidad se relaciona con resultados de un hecho vivido que cumplen con las expectativas. El reto sobre el desarrollo del hecho medible lo hemos controlado, si más, y nuestro esfuerzo ha tenido su recompensa. La felicidad sin satisfacción se alinea con acontecimientos y resultados sorprendentes, generados por elementos ajenos a nuestro esfuerzo y control y la mayoría de las ocasiones son no buscados. Se relacionan fundamentalmente con la interacción de las dimensiones descritas anteriormente cuando éstas se alteran a nuestro favor de forma inesperada. Por último, la felicidad satisfecha conlleva resultados que van más allá de lo esperado tanto en las expectativas como en la dimensión en la que éstas se producen.

Nos acercamos a fechas en las que deseamos la felicidad, con más o menos costumbrismo, en torno a las fechas de la Navidad como si el calendario determinase cuándo hemos de ser felices. La felicidad real es la que se vive día a día, de forma tozuda y tenaz sin importar la página del calendario que estemos viendo en cada momento pero, en este caso, no vamos a desperdiciar la posibilidad de cumplir con la norma y con el hábito de hacer lo propio pero añadiendo a nuestro deseo las doce páginas del calendario del año 2020.

 

 

[1] Marias J. La felicidad humana. 7ª ed. Madrid: Alianza editorial; 2005 

 


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