DE LA PROCRASTINACIÓN AL SÍNDROME POSTVACACIONAL, APROVECHANDO QUE EL PISUERGA PASA POR VALLADOLID

El boletín del pasado mes de diciembre/17 lo dedicamos al fenómeno de la procrastinación en referencia a que este comportamiento se daba con cierta frecuencia, y no con menos intencionalidad de excusa, en los meses previos a un periodo de descanso vacacional argumentando que todo podía esperar al momento de disponer de más tiempo y tranquilidad para abordar determinados proyectos que, aquí radica la excusa, requiriesen. Con anterioridad, en nuestro boletín número 41 de septiembre de 2.015, nos habíamos referido al coste emocional que representaba volver al día a día, a la cruda realidad, a enfrentarse a los problemas que habían desaparecido momentáneamente durante las vacaciones estivales y que volvían todos de golpe con energía renovada y cargados de la mayoría de edad que las vacaciones les habían proporcionado, en alusión directa al síndrome pos vacacional o conjunto de síntomas que se manifiestan cuando nos incorporamos de nuevo a nuestras obligaciones diarias tras un periodo, quizás excesivamente largo, de ausencia del proceso habitual de toma de decisiones al que nuestra actividad cotidiana nos sometía durante el resto del año.

Procrastinación y toma de decisiones son como el agua y el aceite, como centrar desde el córner del campo y rematar uno mismo de cabeza a portería y esto es un problema para la mayoría de las personas que nos incorporamos a una rutina aparente que tiene mucho más de realidad que de ficción. Si el periodo prevacacional le damos categoría de periodo procrástico por excelencia y lo ciframos en un entorno de 20 a 30 días y a la readaptación a la realidad del síndrome postvacacional le atribuimos los 20 días de rigor que determinan los expertos, nos situamos en un escenario  medio de ausencia de toma de decisiones en torno a los 60 días si incluimos le propio periodo de vacaciones de verano, estamos hablando de cómo justificar que una sexta parte del año estamos ausentes de de nuestras responsabilidades en cuanto a la toma de decisiones sin las cuales, el azar y la improvisación se vuelven nuestros principales aliados porque asociamos la capacidad para postergar lo que tenemos y debemos hacer a un periodo concreto del año por mera comodidad justificativa.

Este aspecto es especialmente importante cuando debemos abordar tareas que nos son incómodas, sobre las que no identificamos, a priori, el valor real de las mismas o el retorno económico que éstas puedan tener. Se trata de decisiones y tareas necesarias para el mantenimiento de una relación comercial estable con algunos clientes, de diseñar y presentar propuestas que no acabas de tener claro que tengan oportunidad real de prosperar o, incluso, algunas acciones y decisiones relacionadas con proyectos en los que no te sientes suficientemente seguro del éxito a conseguir.  El azar y la improvisación que encuentran en ese periodo de 60 días comentado su terreno mejor abonado, no nos van a llevar a ninguna parte y nos vamos a convertir en los protagonistas del mensaje que el gato de Cheshire le dio a Alicia en su viaje al País de las Maravillas cuando ésta le preguntó por el mejor camino a seguir.

Pero aprovechar "que el Pisuerga pasa por Valladolid" es decir, que el momento de intersección entre esos dos periodos del año es la tormenta perfecta para estar ausente del deber es algo más que una temeridad. Hay que deshacer el hechizo y actuar con racionalidad:

Imaginar el escenario contrario en el periodo previo al merecido descanso estival al que se producirá, con toda seguridad si hemos procrastinado antes de las vacaciones, puede ilustrar un futuro inmediato mucho menos estresante y mucho más relajado en el que irrumpir con toda la fuerza de una mente despejada y un cuerpo bien tratado durante las vacaciones. Hay que cerrar los ojos y ver la doble pantalla que recoge el escenario con síndrome postvacacional tras un periodo de "esto ya lo haré" y compararlo con el de la pantalla de al lado que presenta una escena en la que uno se ve triunfante, al día y ganador de esa etapa que se suele inaugurar en los primeros días de septiembre.

Buscar compañeros aliados que puedan presentar cierta similitud sintomática, puede ser una buena vacuna para minimizar el impacto negativo del cruce de esos dos caminos. Crear un escenario previo a las vacaciones con escenas de complicidad entre algunos elementos de la organización, puede hacer mucho más liviana la vuelta a la realidad desde una posición de haber hecho lo que realmente había que hacer antes, con el fin de aprovechar la resaca postvacacional de forma mucho más efectiva y menos traumática.

La visión positiva que todos los acontecimientos de la vida tienen, puede ser así misma una buena palanca para relativizar y racionalizar la vuelta al desempeño, aprovechando los primeros momentos de la vuelta para interactuar con los que fueron nuestros socios en el periodo previo al de descanso y acometer la realidad con el optimismo que da el considerar ese momento dentro de la más absoluta normalidad:

• Plántale cara a la pereza que te amenaza haciendo  un esquema sencillo para desarrollar tus retos de cara al final del año. 

• Utiliza los recursos a tu alcance, que los tienes, para retomarlas listas que incorporan tus tareas y ponte como reto que las que aplazas no aparezcan en más de dos listas consecutivas. Para ello aléjate, además, de los elementos de distracción más habituales; las Redes pueden traicionarte en cualquier momento y hacerte abandonar lo que tanto te ha costado reiniciar. 

• Considera revisar tus hábitos aunque sea momentáneamente, seguro que encuentras algunos que son temporalmente prescindibles. 

• Disfruta del placer que se genera al volver a retomar la velocidad de crucero que allana el camino hacia los logros que tienes por delante. 

Mi hijo me dijo un día, hace ya años, que el día del padre era un invento del Corte Inglés. En esa misma línea de opinión, a la que dejo de otorgarle parte de realismo, lo del síndrome postvacacional bien pudiera ser una forma, ya arcaica, de justificar la ausencia de motivación en un entorno, el actual, en el que hay que trabajar de forma planificada y racional para evitar tener que echar mano de recursos y justificaciones que no conducen a nada.

 

 


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