DEJAR DE PROCRASTINAR PASANDO A LA ACCIÓN

En nuestro boletín del pasado mes de julio nos referíamos a que los meses de junio y julio, se convertían en escenarios poco o nada dados al desarrollo de proyectos que requiriese de un periodo dilatado de tiempo para su ejecución o, en ocasiones, esta era la justificación para convencernos de que valía la pena esperar a la vuelta de vacaciones para abordar determinadas tareas. Facilitábamos algunas medidas para tomar determinadas decisiones al margen del estado general en el que nos incorporásemos de nuevo a nuestra actividad tras el periodo estival y aprovechar esa  oportunidad para mejorar el proceso de toma de decisiones en general, utilizando ese punto de encuentro entre lo que debemos hacer, lo viejo y lo nuevo, y lo que nos apetece hacer al inicio del "nuevo curso", como podríamos definir al reencuentro con la actividad abandonada durante las vacaciones. El problema surge cuando el periodo vacacional ha sido solo una excusa para interrumpir la actividad normal y la realidad es que nos cuesta encontrar el momento para hacer lo que sabemos que debemos hacer, problema que adquiere una dimensión preocupante, aunque no en exclusiva, en el caso de aquellos que, no teniendo jefes ni cuentas que rendir a nadie, si tiene plazos que cumplir con sus clientes o con el desarrollo de proyectos internos de gestión. Directivos y profesionales liberales se enfrentan a la procrastinación (he leído sobre este concepto en términos de porosidad en el desarrollo de las responsabilidades) o tentación de dejar para después lo que puedes hacer ahora y caer, de esta manera, en las redes de uno de los principales enemigos de la productividad y de la eficiencia que te impide aprovechar todo tu potencial.

Una vez determinado que el problema no se relaciona con el periodo del año en el que tengamos que tomar decisiones sobre qué tenemos que hacer, es necesario tomar algunas decisiones que nos alivien y nos permitan ponernos a hacer aquello de lo que, de lo contrario, nos arrepentiremos en un momento u otro.

Es más que probable que si has entrado en el territorio de la procrastinación tengas frecuentemente la sensación de no saber por dónde empezar. Estás ante una etapa de largo recorrido en la que la mejor forma de actuar es establecer metas volantes de menor trayecto consiguiendo, de esta manera, "empezar a hacer algo más manejable" que esté relacionado con nuestro objetivo. Este aspecto es especialmente importante cuando debemos abordar tareas que nos son incómodas, sobre las que no identificamos, a priori, el valor real de las mismas o el retorno económico que éstas puedan tener. Se trata de tareas necesarias para el mantenimiento de una relación comercial estable con algunos clientes, propuestas que no acabas de tener claro que tengan oportunidad real de prosperar o, incluso, algunas relacionadas con proyectos en los que no te sientes suficientemente seguro del éxito a conseguir. 

Combatir la procrastinación es una carrera de fondo y para nada se corresponde con una decisión de resultados inmediatos:

• Plántale cara al reto que te ha situado en este indeseable entorno. Ponte a ello, haz un esquema sencillo del proceso y desarróllalo aunque sea, como hemos comentado, por etapas.

• Incorpora el "no" en tu repertorio de respuestas. Muchas veces admitimos responsabilidades que sabemos positivamente que no vamos a cumplir y lo hacemos por un innecesario miedo al rechazo y las consecuencias que éste pueda tener en nuestras relaciones comerciales, profesionales o entre compañeros.

• Si has aceptado una responsabilidad que deberías haber rechazado, has llegado tarde a la solución. Investiga cómo pasar a la acción y extrae la conclusión para sucesivas situaciones similares. Ante este tipo de situaciones, puedes renunciar definitivamente a las tareas que te invaden y eso no es procrastinar si no hacer un ejercicio de racionalidad y eficiencia.

• Regálate algún incentivo tras el desarrollo de la tarea sobre las que has procrastinado y motívate para aceptar ese incentivo como un regalo por el esfuerzo especial realizado. No está de más que compartas ese regalo con personas próximas, amigos, familia, que siempre te darán su felicitación sincera cuando lo hayas explicado en términos de esfuerzo realizado.

• Utiliza los recursos a tu alcance para disponer de listas que incorporan tus tareas y ponte como reto que las que aplazas no aparezcan en más de dos listas consecutivas.

• Cuando te pongas a ello, espanta los elementos de distracción que te alegran la jornada. El uso de las Redes puede traicionarte en cualquier momento y hacerte abandonar lo que tanto te ha costado iniciar. 

• Revisa tus hábitos, seguro que encuentras algunos que son prescindibles. Ello te ayudará, además, a conocerte mejor y a sentir cierto placer por haber sido capaz de sustituirlos por tareas que realmente sabes que has de hacer y que una vez finalizadas te reportarán una cierta sensación de alivio que sustituirá a la de angustia que posiblemente te invadía antes.

En las fechas que se avecinan, tenemos una magnífica oportunidad de ingerir una dosis de antídoto contra las procrastinación. Nos cuesta encontrar el momento para desear Feliz Navidad a nuestros compañeros, clientes y amigos y, en el mejor de los casos, en muchas ocasiones, se nos vienen encima las fechas en las que esa felicitación empieza a ser inútil. Busca un sistema rápido y eficaz, que llegue a todos de forma rápida y que incorpore el menor nivel de resistencia. No es difícil, yo lo hago en este momento deseándote lo mejor para el nuevo año 2.018 y deseándote unas muy Felices Navidades.

 

 


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