HABLANDO MUY CLARO

Todos tenemos alguna historia propia o ajena que contar, en relación con las formas utilizadas por algunas empresas a la hora de, por ejemplo, comunicar a un trabajador que no se cuenta con él en la empresa a partir de una determinada fecha que suele ser, además, inminente al comunicado realizado. También hemos tenido seguramente la oportunidad de conocer, directa o indirectamente, el discurso empleado por algún directivo de la empresa para comunicar a un ferviente auditorio que las cosas no van como deberían ir y que por lo tanto se deben tomar medidas de forma inmediata que van a afectar a los equipos. 

En este último caso, el mensaje podría ser: "Todos conocéis los inmensos esfuerzos que llevamos realizados durante los últimos y difíciles tiempos para intentar conseguir retomar la altura que nuestro negocio se merece, y con ello, manejar la nave con el mayor esmero y consideración hacia todos vosotros con el máximo respeto a los puestos de trabajo y a vuestra familias, pero la virulencia de la crisis no nos ha permitido conseguirlo y ha llegado el momento de tomar medidas que no son ni deseadas ni queridas por esta dirección, pero que no tenemos más remedio que comunicaros desde el más profundo de nuestro pesar con el fin de mantener a flote la nave con la máxima tripulación, no sin dejar de deciros que somos conscientes de resquebrajar un equipo integrado por los mejores profesionales que nunca jamás volverá a tener esta empresa". 

Este prólogo del posible discurso mediante el cual se va a comunicar un ERE bien pudiera ser traducido por: "No hemos conseguido alcanzar nuestro propósito y tenemos que introducir ajustes en nuestra plantilla para hacer sostenible nuestro negocio y que os vamos a comentar a quiénes afectan ". Claro, concreto y conciso y, además, sin que nadie pueda ver en las rebuscadas palabras del comunicador, ni engaños, ni circunloquios innecesarios.

 

1.1. EL CIRCUNLOQUIO AL SERVICIO DE LA MANIPULACIÓN

Que el poeta cordobés del siglo de Oro Luis de Góngora, se permitiera escribir "un rubio hijo de una encina hueca, dulcísimo panal, a cuya cera su néctar vinculó la primavera" para referirse a la miel, no quiere decir que cuatrocientos años después de su muerte tengamos   ninguna   necesidad  de  imitarlo a la hora de describir situaciones desgraciadamente cotidianas en nuestro entorno actual, máxime cuando su uso no persigue la belleza de lo escrito o dicho, sino dotar al contenido del mensaje de una grandilocuencia que permita ensanchar el perímetro del mensaje con claro ánimo de manipular a un auditorio que va a recibir un mensaje concreto, a través de un discurso preparado a conciencia, para situarse en un escenario que favorezca más a quien emite el mensaje que a quien lo recibe. No estamos hablando de utilizar determinadas técnicas de persuasión que consigan convencer de la veracidad de cuanto decimos y de cuánto tiene que ganar aquel que nos escucha.

Por el contrario nos estamos refiriendo a mansajes con una intencionalidad determinada, a veces incluso desdibujando la realidad, con los que conseguir sobredimensionar la situación en busca de una inmerecida y forzada comprensión por parte de quien nos escucha.

En algunas ocasiones, mucho más allá de la figura retórica sana y acertada, el mensaje se elabora con la intención de moldear la opinión general y de atrapar en el propio mensaje a los creadores de opinión en un colectivo, mediante giros y estrategias del lenguaje que distraigan a los afectados del núcleo central y real del asunto comunicado. Esta estrategia marida perfectamente con los mensajes reiterados, poco a poco, a pequeñas dósis, sobre el problema en cuestión, de manera que éste va calando en los damnificados que lo verán como algo esperado pero susceptible de que el tiempo lo pueda remediar. 

 A menudo este tipo de circunloquios utilizados para manipular, se centran en el uso, excesivo, de técnicas emocionales con el fin de rozar la piel de los receptores del mensaje y  evitar   por   parte   de   éste una interpretación racional del mensaje transmitido, intentando instalarlo en el inconsciente como medio para inducir a determinados comportamientos o reacciones. Algunos políticos son verdaderos profesionales de ello y todos nosotros, en alguna ocasión, hemos sucumbido a planteamientos que, en otras circunstancias, sin haber sido objeto de emociones negativas como el miedo, la angustia o la preocupación, no hubiéramos aceptado.

La propia intencionalidad que conlleva la manipulación, hace que el manipulador desarrolle mensajes incompletos respecto a la realidad. En nuestro ejemplo del inicio, el protagonista del mensaje se pronuncia en términos como: "Todos conocéis los inmensos esfuerzos que llevamos realizados durante los últimos y difíciles tiempos para intentar conseguir retomar la altura que nuestro negocio se merece...". El protagonista de nuestro discurso da por sentado que nadie es ajeno a todo lo que la empresa ha hecho en cuanto a esfuerzos necesarios para no sucumbir  los efectos de la crisis. Lo que no nos dice es nada acerca de qué esfuerzos se han hecho ni del por qué no han sido suficientes, ni qué parte de los mismos no han llegado más allá de las palabras, ni tampoco qué se ha conseguido con cada uno de ellos y que es lo que realmente debería exponer en su planteamiento. 

Si continuamos con el mismo ejemplo, a continuación nos dice "... pero la virulencia de la crisis no nos ha permitido conseguirlo y ha llegado el momento de tomar medidas que no son...". Cabría preguntarse por cuánto no nos lo ha permitido, porque nada tiene que ver un escenario en el que estemos en la casilla de salida o en el origen del problema real existente, o que no lo hayamos conseguido pero hayamos remontado hasta un 90% de la previsión deseada. Esa falta de información intencionadamente evitada oculta parte de la verdad y, por tanto, presenta un escenario incierto, engañoso y falto de honestidad, que será aprovechado por el manipulador como si de un caos se tratase cuando la realidad no sea esa.

Apurando las posibilidades del ejemplo que hemos utilizado, éste acaba "... no sin dejar de deciros que somos conscientes de resquebrajar un equipo integrado por los mejores profesionales que nunca jamás volverá a tener esta empresa".

Este final está condicionando las emociones de los receptores del mensaje y situándolos en un terreno emocional favorable a la comprensión de algo que, dicho de otra manera, crearía posiblemente un rechazo mayor y por tanto menor predisposición a la aceptación .

De esta manera todos podemos llegar a formar parte del elenco de víctimas de la manipulación o, dicho de otra manera, del lado oscuro del proceso persuasivo cuando éste no es bidireccional, es decir, es intencionado, y sólo persigue satisfacer los intereses de la parte que se pronuncia, de la parte que manipula.

La ausencia de esa intencionalidad relacionada con el deseo de ganar a cualquier precio, nos sitúa en un estadio donde los circunloquios no se convierten, como en el caso de la manipulación, en dardos envenenados de la comunicación. Cuando queremos demostrar a alguien que nuestra propuesta es sencillamente la mejor para todos, y lo demostramos, estamos ante un proceso que nada tiene que ver con el anteriormente descrito. La capacidad persuasiva es una habilidad que algunas personas poseen para desarrollar un conjunto de tácticas encaminadas a que los otros perciban que lo que dice es asimilable a nivel racional, es suficientemente interesante para todas las partes que intervienen y genera credibilidad a partir de los argumentos que utiliza. 

La persuasión es una forma de compartir el mejor mensaje, de la mejor manera y utilizando las mejores artes. Entre esas mejores artes también está la capacidad de llegar a las emociones de nuestro interlocutor pero con un objetivo mucho más simple, relacionado con demostrarle que sabemos cómo le gustaría recibir nuestro mensaje y que hacemos un esfuerzo por alinearnos con sus preferencias, sin más, como un ejercicio de acercamiento para que perciba el mensaje de la forma más amable posible.

Ante circunloquios expresados en entornos en los que una de las partes es débil desde el momento cero, hay que ser capaz de destilar la esencia del mensaje, valorarlo en sí mismo, tomar conciencia de la realidad que se nos comunica y, en todo caso, felicitar a nuestro interlocutor por ser un artista del lenguaje recomendándole un poco más de honestidad, rigor y seriedad, sobre todo cuando el coste de nuestra laxitud ante la manipulación puede llegar a ser excesivamente alto.

 


Crear, diseñar y adaptar cualquier programa de formación a las necesidades reales de la empresa.

 


Potenciar el desarrollo de los equipos a partir de sus propias fortalezas.

 


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Profundizar tanto en el qué debe saber el profesional, como en el cómo desarrollar su actividad.

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